Se canta Hosanna en el cielo, 

Hosanna en el cielo se grita,

en esta Jerusalén,

en tierras de la marisma.

La Virgen de los Dolores,

devoción que no se olvida,

tuvo su Triduo y Función.

y en sus dos manos benditas

muchos besos demostraron

a esta Virgen tan querida

nuestro amor y nuestro afecto.

y con qué emoción la mira,

al pie de la Cruz, San Juan,

viéndola tan compungida.

y volverá a morir Cristo

de la Veracruz, en la cima,

en la cima del Calvario.

Al pie de la Cruz, María.

Traspasada por la espada,

espada de plata fina,

recorrerá todo el pueblo

por calles, plazas, esquinas...

De negro intenso su palio,

con rico manto y toquilla,

como cada Viernes Santo,

tras el Hijo que agoniza.

¡Virgen del Mayor Dolor!

¡ay, qué cara tan bonita!

En esa noche sagrada,

tan triste y tan dolorida.

Ocaso del Viernes Santo,

despacio los pasos caminan

del Cristo Crucificado

y, con lágrimas que brillan,

bajo palio va su Madre.

Ella es la Virgen María,

a hombros de costaleros,

¡qué arte, Madre mía!

Las marchas procesionales

y la tarde que declina,

un balcón, una saeta,

calle abajo, calle arriba.

En la plaza de su nombre,

toca, toca la música,

levantá de costaleros,

todas las miradas fijas

en la celestial Señora

tan llorosa y afligida.

En la plaza de San Roque,

todo el pueblo mira y mira.

Parada en el Simpecado

de nuestra fe más sentida.

Hoy te llevan Dolorosa,

mañana, pá la marisma,

en la Carreta de Plata

el pueblo te dará vivas.

y por Duque de Orleáns,

apagadas las bombillas,

el silencio y la saeta

y la gente que suspira

por su Cristo y por su Madre.

Oraciones, ruegos y súplicas.

Y volverán a cantarle

cuando, de noche, la brisa

señale el fin del camino.

la procesión se termina.

Dejad, manriqueños del alma,

dejad que otra vez os diga

¡Despierta Villamanrique!

en esta Semana Santa

de primavera encendida.

 

En esta tarde noche de una tardía Cuaresma, cuando los naranjos cuajan de azahares y el olor del incienso impregna iglesias y capillas a lo largo de toda Andalucía, y nuestra Sevilla se hace la capital de la espiritualidad nazarena, quiero primeramente agradecer a la Junta de Gobierno de mi Hermandad de la Veracruz el haberme encargado y confiado el Pregón, una vez más, de la Semana Santa manriqueña. Va por la tercera vez, pero sabéis que aquí estaré siempre, siempre que pueda servir para enaltecer todo lo que hace grande y singular a mi pueblo, a Villamanrique. y Veracruz y Soledad son joyas de indiscutible importancia en la Historia de la religiosidad de este pueblo.

Mi agradecimiento y reconocimiento a la Junta de Gobierno que preside el amigo Manolo Domínguez Pon ce, que sé que siente verdadera pasión por su Cofradía. Y agradecer asimismo, cómo no, las palabras de la afectuosa presentación que de mi persona acaba de hacer el también amigo Miguel Prieto, que tanto sabe de lo que significa la Hermandad de la Veracruz en Villamanrique.

y gracias a mi pueblo por todo lo que me ha dado: una familia cristiana, unos amigos y paisanos que me ofrecieron siempre su amistad y su generosidad. Mis padres me contagiaron de su fe y fueron siempre modelos de entrega y servicio a los demás. Hoy desde aquí, permitid me que los recuerde, sé que están gozando de la presencia del Señor en el Reino de los Cielos y que la Virgen del Mayor Dolor les habrá colmado del Rocío de su gracia.

 

Hoy quiero que mi breve, pero sentido Pregón sea un canto de exaltación que salga de mis labios para ensalzar la devoción y la religiosidad de todo un pueblo ante el Cristo Crucificado de la Veracruz, Yacente en el sepulcro y Resucitado en la noche de la Vigilia Pascual, así como pueblo que venera desde siglos a la Virgen bajo las advocaciones del Mayor Dolor y de la Soledad.

Aljarafe único, comarca de olivos plateados. Cuando se baja la vieja y mora Aznalcázar, y una vez pasado el cercano Pilas, se divisa la torre más bella y elegante de esta vasta y singular tierra, la torre manriqueña, que es el obelisco que señala el comienzo de la amplia, inmensa y boscosa zona de las Marismas de Doñana.

Villamanrique, en su historial de tartesos poblado, junto al Coto de Gatos, junto al arroyo de Mures, y muy próximas las villas de Quema y Chillas.


Y en ese Villamanrique,

la Cruz de Guía.

las Cofradías de la Veracruz y de la Soledad.

Cristo en la Veracruz y yacente en el Sepulcro.

la Virgen del Mayor Dolor y San Juan.

María Santísima en su Soledad.

La saeta manriqueña, la música sagrada en la liturgia y la nueva banda del Aula Musical.

 

Los capataces y los costaleros.

Las camareras y los nazarenos.

Las calles.

La cera, el incienso y las flores.

Y... el silencio.

 pregontoto2

Cruz de Guía. Coge tu cruz y sígueme, palabras del Señor, que en estos días son el aldabonazo que ha de llevarnos al arrepentimiento y a la conversión. Cruz de Guía, que así como es el faro que orienta en la estación de penitencia a los nazarenos, así ha de ser la señal que nos lleve a recordar la inmensa generosidad y el gran amor de todo un Dios, que carga con la Cruz y con ella con todos nuestros malos comportamientos y pecados. Cruz, símbolo de la entrega y el servicio, signo de la caridad, árbol único en nobleza, como cantamos en la liturgia. Cruz, la Cruz de Cristo, que jamás nos arrebatarán de nuestros corazones, aun cuando la descuelguen de paredes y la menosprecien.

En esa Cruz, clavado está Jesús, el Señor. Para nosotros, como para nuestros antepasados, el Cristo de la Veracruz.

Cuando el antiguo Mures cambia su nombre por el de Villamanrique de Zúñiga, allá por 1577, parece ser que ya existía la Cofradía de la Vera-Cruz en Villamanrique. Así lo afirma Hernández Parrales en su Historia de las Hermandades de la Veracruz de la Antigua Archidiócesis de Sevilla, en donde da referencias de una Capilla propia en la parroquia mudéjar en 1609.

 

La Hermandad se rigió durante bastante tiempo por unos acuerdos de Cabildo de Oficiales de 1 de enero de 1755. Las primeras Reglas conocidas son redactadas en 1799. Están recogidas en un cuadernillo manuscrito, guardado en el Archivo Parroquial. Se titulan Reglas para la mejor conservación y gobierno de la Hermandad de la Santa Vera Cruz y Ntra. Sra. del Mayor Dolor.

El espinario manierista, que se conserva en el tesoro parroquial, se exponía el Viernes Santo, desde los tiempos de la marquesa Dña. Blanca, mujer de D. Álvaro Manrique, que dejó en su testamento dos Espinas de la Corona de Nuestro Redentor, que en el sagrario del colateral de la izquierda, que es el del Señor San José, se ha venerado durante siglos.

El mencionado documento señala ... que estando las Dos Espinas Sagradas cubiertas de la preciosa Sangre; porque en su forma parecen de las que penetraron su Divina Cabeza ... aseguran muchos de los que el Viernes Santo las adoran que se inmutan en ese día, tomando la Sangre el color más vivo, que el que en todo el año conserva.

La Hermandad tenía, entre sus obligaciones, la de mantener encendida la lámpara del sagrario y la de correr con los gastos de juncia y romero para la procesión del Corpus.

Es curioso como el pueblo llamó secularmente a Ntra. Sra., la Virgen de los Dolores, aunque la advocación es la del Mayor Dolor. Así lo demuestra el único puñal de plata traspasando su corazón, que posee la Virgen desde el S. XVIII. Las imágenes de la Virgen de los Dolores llevan siete puñales en su corazón, por los siete dolores de María.

 

Desde principios del s. XVIII ejercía la Hermandad la función de acompañar y estar presentes en las exequias de los hermanos fallecidos. De ello dan fe numerosas partidas de defunción en el archivo de la parroquia.

Como datos interesantes de la vida de la cofradía en siglos pasados podemos reseñar:

Podían pertenecer a ella todos los vecinos del pueblo, sin exclusión, por supuesto, también las mujeres.

Celebraba la Hermandad dos fiestas al año: la Santa Cruz, el tres de mayo, y la Inmaculada, el ocho de diciembre.

Se obligaba a festejar con función sagrada el Domingo de Lázaro, esto es, el domingo 5º de Cuaresma o domingo de Pasión y el Viernes de Dolores.

La salida procesional fue siempre en la madrugada del Jueves Santo, una vez apagado el Monumento. ¿Por qué no volver a salir en su día?

En 1765 el Santísimo Sacramento se traslada a la Capilla de la Veracruz, en la antigua parroquia. Desde siempre la Capilla Sacramental había estado en la de Ntra. Sra. del Rosario. El pueblo se amotinó por tal motivo, pero hubo de conformarse, pues el terremoto de Lisboa, años atrás, había causado daños irreparables en la citada capilla. Así lo atestigua el correspondiente documento en el Archivo de la Orden de Santiago de la Parroquia de Villanueva del Ariscar. Y desde entonces El Sagrario se mantuvo hasta hoy, y en la nueva Iglesia, en la Capilla de la Veracruz.

 

En 1801, el 22 de noviembre, el cura párroco, a la sazón D. Félix Bernal de Vera, tuvo que hacer frente a otro tumulto. Se niegan los hermanos a enterrar en el cementerio público a María Ximénez. Tuvo que enterrarse la citada hermana en la Parroquia, como era la inveterada costumbre y a lo que tenía derecho por ser hermana de la Veracruz.

A pesar de la desamortización y de la confiscación de los bienes religiosos en 1812, que supuso una merma considerable en el patrimonio de las hermandades, la de la Vera Cruz, que gozaba de profunda raigambre en Villamanrique y había acumulado bienes y riquezas artísticas con las aportaciones de los devotos, continuó sin dificultades sus funciones de culto.

La actividad de la Cofradía se suspende en 1836. Pero de 1845 a 1870 vive un periodo de grandeza y gran actividad. En 1913 se reorganiza la Hermandad, fusionándose con la de la Soledad.

En el año 1923 la Cofradía cae de nuevo en un período de inactividad, al que contribuyen más tarde los avatares políticos de la 11 República y la Guerra Civil. Treinta años después, en 1953, el día 22 de febrero, reanuda sus tareas e inicia una nueva etapa hasta llegar a 1957, en que el cura de entonces, O, Ángel Segura Lorca quiso establecer unas especiales condiciones para pertenecer a la Hermandad y para salir en la Estación de Penitencia, prohibiendo a las hermanas su participación como nazarenas. Se constituye una Junta Directiva con el cura como presidente.

 

En 1968 sale la cofradía en pobres condiciones, empezando un tiempo de silencio y decadencia. En 1980 surge de nuevo y hasta la fecha va recuperando el antiguo esplendor, que nunca hubo de perder.

El Cristo de la Vera Cruz es talla posiblemente del S. XVII, de autor anónimo. Fue restaurado y modificado en los años 60. Anterior a esa fecha la espalda del Cristo era de cartón piedra, pero de un realismo impresionante. Fui testigo del desprendimiento de su extraordinaria policromía, que

desgraciadamente se perdió. En unos talleres del barrio de la Macarena vi al Cristo sin su policromía, agujereado todo su cuerpo por la carcoma. Allí quedaron también las blancas manos entrelazadas de la Virgen de los Dolores. La imagen de la Virgen es de una belleza extraordinaria y de una candidez en su cara inigualable. Ya en el s. XVIII existía la imagen, aunque algunos se la atribuyen a Juan de Astorga al final de esa centuria.

Es plena Cuaresma. Parroquia de Santa María Magdalena. El presbiterio presidido por el Calvario. Cortinas moradas. Algunos cirios y algunas flores. Estandarte negro y oro. María Santísima del Mayor Dolor, acompañada de San Juan, llora por su Hijo, el Cristo de la Veracruz.

 

Que no se borre tu nombre

de la memoria del pueblo

ni que tus pasos se pierdan

por las calles en silencio;

que Dios en la Vera Cruz

y su Madre en su Dolor

se han asomado al balcón

de las ventanas del cielo

y, desde allí, quieren ver,

entre cirios y entre flores,

entre el cante y la oración,

cómo lleva el manriqueño,

hecha pasión en su pecho,

la Pasión del Redentor.

Y estuvieron mirando

varales de plata,

el subir del incienso,

la cera que alumbra,

el paso sereno

de las zapatillas

de los costaleros.

Vieron nazarenos

que cumplen promesas,

andando descalzos

o con la cruz de peso,

vieron a los niños

con caras de sueño,

con el antifaz

recogido y vuelto.

Miraban las calles

llenas de respeto,

sin luces ni sombras;

sólo con reflejos

de luna de plata

y estrellas de fuego.

y entre filas de cirios

a Cristo en la Cruz

y a su Madre luego.

De pronto una voz,

que desgarra el eco,

hace que se pare

el cortejo entero.

La Virgen a Dios

Le dice en el Cielo:

Cantan mi dolor

y tu sufrimiento,

y ahogan su pena

con esos quejíos

de su sentimiento

Esa voz nos llama...

Me vaya bajar con ellos;

que no diga el capataz

A esta es, con Ella al Cielo...

 

Triduo Doloroso. Desde niño cantándote, Virgen de los Dolores, Estrella hermosa de mis días, el consuelo y el refugio de tantos buenos manriqueños que te veneran y te quieren, que ya me cautivabas, cuando te miraba vestido de monaguillo, ayudando a misa diaria de la mañana en el altar del Sagrario. Allí, las Hermanas de la Cruz, como ángeles benefactores del pueblo y que nunca hubieron de irse de Villamanrique. Pérdida irreparable.

En otros tiempos solemne septenario. Todavía resuena en mis oídos el Stabat Mater en castellano, que las cantoras de entonces entonaban en tu honor, Marignacia, Isabel la Niña de la directora, Pepita la pimpoya, María la de Refugito, María Sáez, Luisa Bermejo, María la de Ruperto, Maruja la de Pepe Díaz, Rosario y Antonia las del Palacio, Encarna la Niña er Méndez que se llevó al cielo el Niño Dios en la pasada Navidad y Rosario Morillo que con su afecto y amabilidad siempre trató a los míos como de familia.

Y después vinieron otras, jóvenes de la época conciliar. La prima Rufina, Isabelita la de España, Rociíto la de Miguel Márquez, Isabel la Galinda, Alfonsita Béjar Bermejo, mi cuñada Isabel Solís, Cecilia la de Castaño..., voces blancas que, digo, expresaban cantando el dolor de María.

 

Estaba junto a la Cruz

la Madre de Gracia hermosa,

afligida y dolorosa,

viendo pendiente a Jesús.

Agudo y cruel puñal

hiere a la Madre doliente.

De tristeza un torrente

da su pecho virginal.

 

Septenario o Triduo en la Parroquia. Rosario, incienso y salves. Campanas que tocan todas las tardes. Oraciones hacia el cielo, oraciones a la Madre, que de soledades sabe. Virgen del Mayor Dolor, ¡Dios te salve!

Empieza el santo rosario. Y la iglesia se abre, ¡cuántas avemarías a la Divina Madre! Un rosario de cuentas y misterios, de tos corazones salen. Cada día es un gozo, una luz, una gloria, un dolor por los que falten; nazarenos y camareras, manriqueños de todas las edades. Años atrás estaban y ahora cantan desde el cielo ¡Dios te salve!

Cada día sus meditaciones. Hace ya muchos años, el Santísimo delante. Expuesto en el manifiesto. Panqe lingual Tantum erqo, los Dolores de Eslava y el Sálvame, Divina Madre. Hoy, Cristo se hace presente en la misa, cerca la imagen de la Virgen, Madre del Mayor Dolor, ¡Dios te salve!

Explosión de fe, de gratitud. Desde el coro, ¡cuántos años te conté penas y dificultades! Ojos que lloran, el corazón arde, manriqueña devoción en el triduo de la tarde. Virgen del Mayor Dolor, ¡Dios te salve!

La meta, el Viernes Santo. Cirios, velas y estandartes. Música, bandas y marchas procesionales. Túnicas negras, cinchos, capirotes. La Virgen sale. Blancas tuyas de los jardines del Palacio en los laterales. Celindas, "aspirias" y rosas grandes. Crepúsculo limpio y claro. Anochece. Huele a incienso y azahares. Y entonces Villamanrique se enardece y reza, y sueña y llora y grita de corazón: Virgen del Mayor Dolor, ¡Dios te salve!

Tristeza del Viernes Santo. Todas las gentes del pueblo, pueblo de mil encantos, Villamanrique de siempre, junto a su Cristo expirando. Campanas enmudecidas, las nubes pasan de largo. A las puertas de la Iglesia, la Cruz de Guía, en el atrio. Los nazarenos que salen, en sus manos, cirios verdiblancos.

Al Señor en su agonía, en el madero clavado: manriqueños que le miran, le hablan, le están rezando. ¡Perdónanos, Señor!, perdona nuestros pecados. Y una saeta se oye, y la música y el canto de unas golondrinas, que quieren sacar de cuajo espinas de una corona, de púas que dan espanto.

y tambores y cornetas, sin equivocar el paso. Costaleros manriqueños, jóvenes ilusionados. ¡Ay, qué ejemplo de cofrades, que ensayan por nuestras calles, sin mostrar nunca cansancio!

Quisiera en esta noche reconocer con vosotros la labor de estos jóvenes que portan los pasos de Cristo y de la Virgen. ¡Cuántas horas de ensayo, cuánto esfuerzo y tesón año tras año para que la Cofradía sea ejemplo de piedad, de sacrificio y de religiosidad! Permitidme que reconozca el trabajo del que fuera capataz de las cuadrillas durante tanto tiempo. Me refiero a mi amigo Antonio Velázquez, Antonio el del Palacio. Igualmente valorar la entrega a la Hermandad de sus hijos y de Antonio Nazario, Juan el de la Code y Juan el de Julián, entre otros muchos. Y ros componentes de la Junta, tantas tardes y noches dedicadas a la Hermandad. Incansables y permanentes para que la Cofradía reluzca y camine por la senda de la autenticidad y del fervor individual y comunitario. Hay que felicitar a la Junta y a sus colaboradores por la extraordinaria restauración de los hermosos faroles del siglo XVIII, de estilo granadino, que podemos contemplar hoy junto al Cristo, y que formaban el exorno de las cuatro esquinas de su paso en tiempos pasados.

 

Han crucificado a Cristo.

Por las calles lo pasean

los fervientes costaleros.

No se cansan. Su tarea

es mostrarlo ante los ojos,

que los cristianos lo vean.

Él ha muerto en una Cruz,

¡con qué devoción lo llevan!

Ya quedó atrás el Calvario,

andan por calles estrechas,

le han preparado un sepulcro

y José de Arimatea

cada hermano quiere ser

ofreciendo como tierra

para su bendito Cuerpo

que resucitar espera

sus almas y corazones.

¡cuánta gente de promesa!

Caminan detrás del paso.

y con cruces de madera,

descalzos y penitentes,

sin saberse quiénes sean,

con sus rezos y oraciones,

-en el aire una saeta-,

acompañarán a Cristo.

Su Madre viene muy cerca.

¡Bendito sea mi pueblo!

¡Bendita fe manriqueña!

¡Benditos sus costaleros!

¡Bendita fe cofradiera!

¡Qué bendita su hermandad!

Somos cristianos de veras.

 

Corrían los años cincuenta y sesenta. El toque de oración precedía a los de la misa diaria. Los monaguillos habíamos preparado las vestiduras de la liturgia sobre la cajonera y los vasos sagrados la noche anterior. Puntualmente, a las ocho de la mañana, daba comienzo la Eucaristía en la Capilla del Sagrario. A los lados, de rodillas o sentadas, las Hermanas de la Cruz, que asistían a la misa de la parroquia. En el centro el comulgatorio, obra del ebanista local José Cabello, con paños de encaje o bordados. Unos reclinatorios con terciopelo rojo servían para la meditación de algunos fieles. Las paredes, con adamascadas colgaduras de color granate.

En la Capilla, como ahora, el altar neoclásico del retablista decimonónico Gabriel de Astorga. Todas las miradas hacia las impresionantes imágenes del Santísimo Cristo de la Veracruz y de la llamada por el pueblo Virgen de los Dolores. El discípulo amado, San Juan, acompañando a María en el Calvario.

El centro de la recoleta capilla lo ha ocupado siempre el tabernáculo, donde Jesús Sacramentado está continuamente presente. En los años de mi niñez el antiguo sagrario de madera fue sustituido por el actual de metal, donación de Juana María Béjar.

Desde siglos, La Virgen con sus manos entrelazadas, vestida con saya y manto liso de terciopelo negro. Un pañuelo de artístico bolillo caía de sus blancas manos. Arrodillada sobre una peana dorada, la Madre de Cristo se recogía en su dolor, con un corazón de plata, apuñalando su pecho. El Cristo de la Veracruz lucía un sudario con bullones y violetas moradas San Juan, con capillo rojo y túnica de satén verde.

Delante de nuestros titulares se celebró, durante siglos, la misa matutina diaria de la parroquia. Asimismo, los manriqueños y manriqueñas de otros tiempos se casaban ante el Calvario de la Veracruz, a la hora del alba.

Y llegaba la Cuaresma. La Virgen resplandecía en un septenario solemne y multitudinario. Se cantaban los Dolores de Hilarión Eslava. Uno de ellos decía:

 

Del discípulo amado en compaña,

Abatida a tu Hijo seguiste

y de agudo dolor presa fuiste,

Cuando al Monte Calvario llegó.

Allí el eco repite el sonido

De martillos, clarines y voces.

Le suspenden ¡oh, Madre! y entonces

El Dios justo clavado se vio.

Por tus dolores, ten compasión.

Pide y alcanza nuestro perdón.

 

Otras veces se cantaban Dolores más populares, cuyo estribillo todavía recuerdan muchas personas mayores:

 

Haz, ¡Oh, Madre! que tus hijos

y tus fieles servidores

No aumentemos tus dolores

Ofendiendo al Redentor.

 

Frente a la Capilla del Sagrario, el retablo del mismo estilo y autor, con las bellísimas imágenes de la Virgen de la Soledad y del Santísimo Cristo Yacente. Salían en procesión en la tarde del Viernes Santo, después de los Oficios y Sermón de las Tres Horas.

La imagen de la Soledad se trajo de Sevilla en tiempos de D. Manuel Fernández Santiago, que quería que se pareciera a la Virgen del Valle de la capital andaluza, para sustituir a la antigua, muy estropeada. El Cristo del Sepulcro es una extraordinaria talla, de dimensiones académicas, de principio del siglo XVII. Cristo articulado que, siendo cura del pueblo D. José Delgado lozano, popularmente conocido por el Pá Bolita, sirvió para representar un Auto Sacramental del Descendimiento de la Cruz. Participó activamente en aquel acto el carpintero Diego Cabello.

Soledad de María, Devoción manriqueña de siempre. Existió, en lo que hoy son dependencias municipales y con anterioridad Plaza de Abastos edificio de Aníbal González, desafortunadamente perdido en 1962- y antes también Escuela de Niñas de Dña. Manuela Macías, un Hospital de Sangre, en donde residió la Hermandad de la Soledad, durante varios siglos. Hay noticias de ello, desde el siglo XVI, aunque posiblemente fuera mucho más antiguo. De la ermita o Iglesia de la Soledad, después colegio, se conserva un Cristo manierista, que actualmente preside la Capilla del Asilo o Casa Parroquial. ¿Es esta la imagen del Cristo de la Sangre, de la que se nombra su cabildo, en documentos del XVIII, en los archivos municipales de Sanlúcar la Mayor?

La devoción a la Soledad fue de mucho arraigo en el pueblo. A lo largo de los siglos XVII, XVIII Y XIX son numerosísimos los hermanos de la cofradía que son enterrados, según sus reglas, en su capilla. Así lo atestiguan muchos testamentos, que se pueden leer en los libros de defunciones de la Parroquia.

Una de las figuras indispensables en la Cofradía, ya fuera de Veracruz o de Soledad, ha sido siempre la camarera o camareras. Quiero en este Pregón de la Semana Santa tener presente a aquellas manriqueñas que dedicaron su tiempo a este menester. Conocí en la labor de camaristas a Rafaela Béjar Romero, la del estanco, y a la sencilla y buena mujer Rosario Béjar, la Piñina. Con qué mimo y cuido vestían a la Virgen de los Dolores. Con qué tesón y delicadeza supieron ejercer su cargo durante tantos años. Lo habían heredado de su madre María de la Paz, que, a su vez, lo había recibido de Mariquita Béjar, madre de los Pales. Durante un tiempo también cuidó de las imágenes la amiga Yoyi. En estos tiempos Isabel Mari y Chari siguen la tradición familiar.

y de camareras de la Virgen de la Soledad. Conocí en mi infancia a la buena de Dolores la Lotera, a la que ayudaba en muchas ocasiones la madrina, María la de Amparo. Y cuántos años Manolita la de Perete, Manuela Díaz Solís, que no llegó a verla procesionar de Piedad en 2006. Pero sí que estoy seguro que desde el cielo se alegró de ver a su Virgen con su Hijo en el regazo por las calles de Villamanrique. y actualmente Juani López Ríos pone todo su empeño porque la Virgen esté siempre reluciente y bella.

 

Se han celebrado los cultos,

se ha vivido la Cuaresma,

el Traslado, el Vía Crucis,

besamanos en la Iglesia.

Ha llegado el Viernes Santo.

Ese día hay una Reina.

Del Mayor Dolor la llaman.

y ese día Ella espera

que todos los manriqueños

la acompañen en su pena.

Sabed, hermanos cofrades,

que hubo una mujeres buenas

-eran mujeres del pueblo-,

que cada año, en estas fechas,

el Jueves o el Viernes Santo,

con mucha fe y entereza

preparaban el sudario,

los mantos de ricas telas,

flores, velas y cirios

y el faldón de fina seda.

Qué suerte tuvimos muchos,

de tratarlas, conocerlas.

Yo todavía recuerdo

a esas nobles camareras.

Rafaela del estanco

ya Dolores la lotera,

a Rosario la piñina

y a sus hijas y a sus nietas.

y a Manolita Perete

con su Soledad excelsa.

Vaya nuestro homenaje

a la mujer manriqueña,

a las mujeres cofrades,

a la mujer nazarena.

Desde tiempos muy lejanos

Ellas, también fueron ellas,

las que vistieron de negro

junto a la Virgen excelsa

con el cincho y capirote,

según mandaban las Reglas.

Tuvo siempre la mujer

ilusión y diligencia,

y en la antigua cofradía

fueron siempre las primeras.

Demos un viva muy fuerte,

¡Viva, mujer manriqueña!

 

El Domingo de Pasión las imágenes de los altares se tapaban con colgaduras moradas y un gran velo, también morado, cubría todo el presbiterio.

La Semana Grande, la Semana Santa comienza con la celebración de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, montado en un pollino, para nosotros la popular borriquita. Pueri haebreorum portantes ramos olivarum, cantábamos en la liturgia latina. Cuando niño, la procesión se hacía desde el Convento, donde se habían depositado las ramas de olivos y palmas, hacia la Parroquia. Después la procesión, alrededor de la Iglesia, revestido el cura con la rica, plateada y roja capa del Siglo XVII.

Llegaba el Jueves Santo. El coro parroquial interpretaba la misa de San Pío X, que en su momento muchos manriqueños sabíamos a la perfección. Durante el canto del Gloria, los monaguillos tocábamos con entusiasmo las campanillas, a la vez que las campanas de la torre repicaban festejando la institución de la Eucaristía en la Última Cena ... Terminado el Gloria, las campanas enmudecían hasta la Resurrección, que antiguamente se celebraba el mediodía del sábado, por eso lo llamaban el sábado de gloria. La llamada a los cultos se hacía en esas jornadas con la matraca, instrumento de madera con asas de hierro.

El Monumento al Santísimo se instaló tradicionalmente en la Capilla del Sagrario. Emotiva ha sido siempre la procesión claustral con el canto solemne del Pange lingua y Tantum erqo, cantados por todo el pueblo. Me llamaba la atención porque era una de las pocas veces en que oía cantar a los hombres en la iglesia. Y recordar, una vez más, a las Hermanas de la Cruz. Durante más de cincuenta años se encargaron del exorno e instalación del Monumento, en el que se colocaban todos los candelabros que había en el templo, y, creedme, eran muchos. Las flores las traían del palacio, principalmente celindas y "aspirias".

Hasta la renovación litúrgica propugnada por el Concilio Vaticano 11, allá por los años sesenta, en la tarde del Viernes Santo, justamente a las tres de la tarde, se conmemoraba en nuestra parroquia la muerte de Cristo con el rito inmemorial del Sermón de las Tres Horas. A esta ceremonia vespertina acudían numerosísimos fieles. Recordemos la importancia festiva del viernes sobre el jueves de la Semana Mayor de otros tiempos en Villamanrique. El sacerdote meditaba sobre cada una de las siete palabras pronunciadas por el Señor en la Cruz. El coro formado ese día generalmente por hombres entonaba la siete palabras con letras y música antiguas y que componen una singular y rica muestra de nuestro patrimonio cultural y religioso.

 

Una sentida redondilla servía de introducción a esta ceremonia que era eminentemente popular. Dice:

 

Al Calvario, almas, llegad,

Que nuestro dulce Jesús,

Desde el árbol de la Cruz

Hoya todos quiere hablar.

 

Ocupaba lugar destacado la imagen de Cristo de la Veracruz. La reflexión y la meditación, tan olvidadas en el mundo de las prisas de hoy, llenaban el tiempo de ese rito en que el perdón a los demás, a imitación de nuestro Redentor, era el eje de la plática con la fijación puesta en los sufrimientos de Cristo. Una de las letras más significativas para nosotros es la de la Tercera Palabra.

 

Jesús en su testamento

a la Virgen hoy nos da.

¡Oh María!, ¿quién podrá

explicar tu sentimiento?

Hijo vuestro quiero ser,

Sed vos mi Madre, Señora,

que os prometo desde ahora

finalmente obedecer.

 

Sí quiero dejar claro, sobre todos para los más jóvenes, que fueron dos las cofradías en el pueblo, Veracruz en la madrugada del jueves al viernes y la Soledad en la tarde del Viernes Santo.

y el pueblo siempre expresó sus sentimientos a nuestras sagradas imágenes con el canto de la saeta. Durante mucho tiempo fue la saeta manriqueña, una especie de recitado de la época mudéjar, esto es, de los tiempos de los moros, como me lo hizo ver un gran experto de la música sacra y popular, allá por 1968, el amigo vasco sacerdote D. José Ramón Yurrita, conocido en Villamanrique por entonces como el cura del padrenuestro. Saeteros de Villamanrique, que no se pierda nuestra saeta, inédita, propia y exclusiva de este pueblo, de una gran riqueza histórica, aun cuando pueda pareceros de una sencillez e ingenuidad que conlleva poca dificultad en su interpretación.

y también quiero animar y agradecer la labor del Aula de Música Municipal, que dirigió Quintero, un excelente antiguo alumno mío de Pilas, y ahora lo hace otro pileño, Adrián. Adelante. Me emociona en gran manera el oír los compases de vuestras marchas en las naves de nuestra parroquia. Sed constantes. Lo hacéis extraordinariamente. Seguid ilusionados en vuestra actividad musical, que da al pueblo un toque de belleza y cultura y que demuestra la inteligencia de que tradicionalmente hicieron gala muchos manriqueños. Enhorabuena y que las palmas de los asistentes, en apretado aplauso, sean una muestra de reconocimiento a vuestro trabajo.

Los días de duelo y dolor tocan a su fin. La esperanza en la gloria y el triunfo de Cristo resucitado se hace cada vez más urgente.

 

Sin Resurrección no hay esperanza. La ceremonia de los oficios de la Vigilia Pascual comienza.

El Pregón Pascual y los aleluyas. Unos momentos después repican las campanas anunciando la Resurrección. Qué impresionante en otros tiempos cuando se abrían Jos enormes velos morados, al entonar el celebrante el Gloria in excelsis Deo. y el último canto de esa noche de gozo, como no puede ser de otra manera, para la Virgen: Regina caeli, laetare, aleluia, Reina del Cielo, alégrate.

y concluye la Semana Santa. Pero, en el horizonte, en la mente de todos, una esperanza, una ilusión compartida con tantos pueblos del Aljarafe, la Marisma y el Condado: el Pentecostés luminoso, la venida del Espíritu Santo. Esa otra Pascua que podemos considerar como el colofón de los días vividos en la Semana Santa. Y llegará el Rocío, tan nuestro, tan cercano, tan cariñosamente legado por nuestros antepasados. Villamanrique, pionero de la Fiesta del Espíritu, fuente donde beber de las gracias de la Madre.

Y quiero terminar mi Pregón con unos versos del padre Cué, recogidos en su inmortal obra Cómo llora Sevilla, que se publicó el 7 de marzo de 1948. Todo un clásico de la Semana Santa. Se los dedico a mi Cristo de la Veracruz de Villamanrique de la Condesa. Dice así:

 

Yo quisiera ser saetero

para hacerte una saeta

y en ella mandarte entero

mi corazón de poeta.

Una saeta enhebrada

con el hijo de mi vida

para coser esa herida

que te rasgó la lanzada

Saeta de puntas finas

mojada en sangre de amores

para bordarte unas flores

en lugar de esas espinas.

Saeta para llagar

el corazón que te ofende.

Saeta para inflamar

y hacer que el mundo se incendie.

Saeta para volar

cuando ya sienta la muerte;

y atravesar

sin manchar

las nubes, para ir a verte.


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JOSÉ ZURITA CHACÓN. Cronista Oficial de la Villa. 26 de marzo de 2011.