PREGÓN AÑO 2009, A CARGO DE D. DIEGO RODRÍGUEZ SOLÍS


 

Se ocupa la tarde en anunciar Tu muertepegronloro1

Señor de la VeraCruz,

a quien Villamanrique aguarda

y demostrarte su fe

su devoción y esperanza,

de todos los que en Tí confían y te esperan

a las puertas de Tú casa,

para acompañar Tu comitiva de duelo

en esa tarde tan Santa,

que ni la brisa está quieta

porque quiere rozar Tú cara,

espabilando la muerte que agarrada llevas en el alma,

Jesús de la VeraCruz

que hoy repartes Esperanza,

a cada paso que das,

cada vez que te paras,

por las calles que en cada primavera,

expectantes y calladas Te aguardan.

San Juan va diciéndole a la Virgen palabras de consuelo al oído para tratar de consolar lo inconsolable.

En su conversación intenta calmarla,

pronosticándole la Resurrección, el próximo domingo:

No os angustiéis María.

Sabéis bien que resucitará el próximo domingo. El Maestro lo dijo ante los Apóstoles y cumplirá lo prometido.

Siempre lo hizo.

Sabéis bien María que hoy daría mi alma por ocupar el

madero que porta el cuerpo de vuestro hijo.

María no encuentra consuelo en su Mayor Dolor por la

muerte de su hijo.

Las lágrimas de Juan, apunto de brotar de sus ojos vidriosos, forman parte de la liturgia más semanasantera.

 

Siente alivio María,

que mis palabras mitiguen Tu Mayor Dolor,

que mi compañía alivie la soledad

que sientes en Tu recorrido

y consuelen Tu corazón destrozado.

Tú que hoy a Villamanrique te entregas,

y Tu mismo dolor lo conviertes en esperanza,

cuando, la tarde de Viernes Santo,

vas visitando casa por casa.


Reverendo Señor cura párroco.

Señor Alcalde y Corporación Municipal.

Hermano Mayor y Junta de Gobierno de esta Venerable, Real, Muy Antigua y Sacramental Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la VeraCruz, María Santísima del Mayor Dolor y San Juan Evangelista.

Representantes de Hermandades y Asociaciones de nuestro pueblo y de otros pueblos aquí presentes.

Señoras, señores, cofrades y amigos todos:


Es Domingo de Ramos en estas palabras que vengo a estrenar hoy, recuerdos de la fuente de mi memoria que, como caudal del Guadiana, brotan y se convierten en este documento que aquí exclamo.

Hoy vuelvo para cumplir los trece años, al tiempo aquél donde estrené primera Estación de Penitencia, hace ya 25 años.

Y me enseña la memoria mi primera túnica de nazareno, que mi madre encargó hacer a “la Antonia Marín”, la mujer de mi recordado Manuel Fatiga, compañero, amigo, un segundo padre para mí, en aquellos años de dificultades y de ausencias.

El escudo de nuestra Hermandad, bordado en mi antifaz por inigualables manos de bordadoras antiguas manriqueñas como fueron las de mis tías María y Rosa las del Coco.

Toda una reliquia para mí y que, cada Viernes Santo, recorren, en homenaje a ellas, las calles de Villamanrique.

Mi primer cincho, confeccionado entre mi primo Pepe la Maína y por mí en la cuadrilla trasera de su casa, con la sonrisa siempre atenta de su padre, mi tío Pepe, que tantos buenos recuerdos me traen.

Hoy vuelve aquí el niño que con trece años, siendo todavía un crío, se le hacía interminable la Estación de Penitencia, en el tiempo aquél en el que la Cofradía bajaba por la calle Juan López Sánchez y enfilaba, en su recorrido de recogida, la Calle Colón; el niño aquél que se sentaba, cansado, en el bordillo de la acera hasta que el Diputado de tramo lo descubría, o de cuando guardaba un bocadillo entre la ropa y la túnica. Hoy vuelvo aquí a sentir la despedida, a las puertas de mi casa, en el barrio, Calle Hermanas de la Cruz, que no hay calle en el pueblo más Santa, de mi padre y de mi madre, que aunque sé que siempre estarán conmigo, !!cuánto daría porque estuvieran aquí, físicamente, escuchando este Pregón que les dedico!!.


Vuelvo de nuevo para seguir tú sombra,

a escoltar tú muerte desde mi lejanía,

a alumbrarle el camino a Tú Madre.

Vuelvo a las calles de Villamanrique.

a regalar cera a los niños,

a escuchar el llanto del saetero,

a rezar contigo un Padre Nuestro.

Vuelvo hoy a seguir Tú huella

por cada esquina,

a decirte en silencio

cuánto por Ti daría.

Vuelvo de nuevo

a la caída de la tarde del Viernes Santo,

a la bulla del pueblo en la calle,

deseoso, un año más,

de Contigo encontrarse.

 

Después de casi cuatro años de paréntesis, de casi autoimpuesta desvinculación con esta Hermandad y así con nuestra Semana Santa, esta pasada Navidad llegó a mí la propuesta de ser el Pregonero de la Semana Santa 2009.

No se le puede decir NO a nada que tenga que ver con Villamanrique, sean cuales sean sus consecuencias. Espero estar a la altura de las circunstancias.

No es fácil el enfrentarse al papel en blanco e ir hilvanando palabras, frases; darle sentido a mil y un pensamientos que se agolpan en la mente y quieren salir, por las puertas de la memoria para convertirse en oraciones, en frases; en definitiva en vivencias, sentimientos, recuerdos, anécdotas vividas que golpean y salen sin llamar para, poco a poco, convertirse en esto que ahora os cuento y os entrego, como recuerdo y como testimonio de quién, eternamente estará en deuda con quienes ahora escuchan y, como no, con quienes de mí se acordaron a la hora de pensar en esta responsabilidad del Pregón de Semana Santa.

Gracias Pepe por tus palabras de elogio y cariño hacia mi persona.

Cuando decidí que fueras tú quien me presentara en este acto, una vez más la memoria me llevó a cuando me vestía de Nazareno en tu casa, que era la mía, y por el camino más corto, irnos hacia la Iglesia.

Aprovecho este momento para agradecer, ya no sólo tu amistad sino que también la mano siempre tendida y dispuesta para todo lo que me hiciera falta. Primos segundos por dos veces y como hermanos. Gracias es poco para agradecer tus palabras. Si miramos atrás, hace tan sólo unos meses, que parece fue ayer, celebramos el nacimiento de Cristo.

Cuando aún no le ha dado tiempo al polvo a asentarse en la caja de cartón donde, en lo alto del ropero, guardamos el Belén y todas las figuras del Nacimiento, hoy estamos ya en la Cuaresma y dentro de unos días celebraremos la Pasión y Muerte de quien desnudo vino al mundo para ser nuestro Salvador.

Y que no olvidemos, entregó la vida por nosotros en la Cruz del Calvario, esta Cruz que hoy exaltamos en este Pregón de Semana Santa, la misma que recorrerá las calles bajo la advocación de VeraCruz para, antes de resucitar en Domingo, regar de Fe las calles de Villamanrique.

Parece que la estoy viendo.

Y días antes del Viernes Santo, colgaba de un lateral del ropero de su cuarto la túnica perfectamente planchada y el antifaz sobre la cómoda, también limpio de toda arruga. El cincho, junto al capirote, esperaba impaciente sobre la silla a que los días cumplieran para ser viernes.

En la cocina ya olía a miel caliente el día anterior al Domingo de Ramos, y las inconfundibles torrijas, las mejores que nunca más he probado, se enfriaban sobre la encimera mientras nosotros ya nos la comíamos con los ojos.

Garbanzos con bacalao, el jugoso e inconfundible arroz con leche con el olor inigualable de la canela y las tortillitas también del pescado más socorrido y popular en tiempo de Cuaresma.

Todo dispuesto y preparado en la casa para la Semana Santa.

El eco del llamador que aporrea tres veces la madera retumba y se cuela en cada rincón, en cada poro del mármol de las columnas del Sagrario, en el dorado antiguo del Altar Mayor, en la peana que sostiene a Santa Angela, a San Roque, a la Inmaculada, a la Virgen de la Soledad que arruinada de dolor tiene bajo suyo al Cristo Yacente.

Los vencejos que anidan y se cobijan en el barro moldeado que pende de las alturas blanqueadas de cal de fuera, salen alertados también por eco que les llega y les anuncia que todo está preparado, que todo está en su sitio y que comienza, las ocho en punto de la tarde, en Estación de Penitencia, la Hermandad de la VeraCruz, por las calles manriqueñas.

Los nazarenos más rezagados apuran y se ponen el capirote amarrado con la blanca cuerda que los sujeta a la barbilla.

De la Sacristía, una hilera de Penitentes, con la Cruz ajustada por la cruceta amoldada al hombro y que lo soportará durante el recorrido, hace aún mayor el silencio que se vive dentro de la Iglesia, a la vez que pone el vello de punta.

 

Ya sale la Cruz de guía,

las puertas del templo se abren,

el silencio grita ahí fuera

donde ni un alfiler cabe.

Despacio, muy despacio,

a las ocho en punto de la tarde,

chorrean nazarenos negros,

sin más intención que la de acompañarle

al de la VeraCruz

y a su Madre

por las calles que hoy son Iglesia

este Viernes Santo

que a incienso sabor trae.

 

La cigüeña que vive en lo alto de la torre, que ya es más manriqueña que muchos de nosotros, se empina desde las alturas y se asoma porque no quiere perderse la escena de ver salir al Cristo.

Las palmeras de la plaza se peinan y se despeinan con la brisa de la tarde e intentan, sobre todo la primera, agacharse y tocar con sus flequillos la tela del techo del palio de la Virgen.

Hasta las farolas sienten la tarde más triste del año y su luz se hace más tenue, más oscura, para dar así más realce y sobriedad al solemne recorrido de la cofradía.

Así, cuando los dos naranjos que escoltan, como dos guardias civiles antiguos de una postal de la memoria de no sé ya cuántos años que es lateral de la puerta de nuestra iglesia, la de las bodas..., esos naranjos que derraman primavera ya a últimos de febrero y, cuajados de azahar, la víspera de Viernes Santo, tiemblan nerviosos por ver cumplidas las horas y, tras después de un año de espera, volver a ver abiertas las puertas de par en par del templo, la Cruz de guía ya en la calle cuando las luces de la tarde se van tiñiendo del mismo negro de las túnicas de los nazarenos que escoltan al de la VeraCruz, en su Estación de Penitencia.

Y hasta se acercan al paso para rozar la madera con sus ramas y calentarse en los hachones encendidos que alumbran el rostro de Cristo muerto y regalarle en su recorrido el inconfundible aroma característico de principio de primavera y, entremezclarse así con el amargo aroma del manto de claveles rojos que rozan la punta de sus piés inertes.

Villamanrique contempla callado la escena.

 

La saeta rompe el silencio,

puñal certero que nace del alma,

oración cantada,

quejido que vuela en el aire

desgarrando la garganta.

Y que cruza,

desde el balcón en el que el saetero se agarra,

hasta el último lugar del tiempo

que en ese instante se para,

y escuchar la voz de un corazón

que a Cristo o a la Virgen,

cantándole le pide o le exclama

Siento tras de mí la llamada del capataz que anima,

con su voz firme y fuerte,

en el silencio de la noche,

a los costaleros que en volandas llevan,

por las calles del pueblo,

el desconsuelo de María.

Sin mirar atrás,

sosteniendo el cirio que se derrite,

a cada paso, con cada pisada,

voy descontando Padres Nuestros que llevo pendientes

y que descuento,

pidiendo por aquellos que ya no están

y por los que quedaron.

Paso por puertas antes ávidas de reencontrarse,

un año más, con la Virgen,

hoy cerradas en señal de duelo.

Ya no la espera quien es hoy

un clavel más entre los claveles blancos

iluminados por la candelería.

Y se para la cofradía.

La Virgen de los Dolores no olvida a quien ya no la aguarda

El silencio, sólo roto por la voz firme del capataz

que a los que la llevan exclama:

!! va por él!!, !!al cielo con ella valientes!!.


Busca el crepúsculo a la tarde, las sombras de la noche todo lo ocupan.

No hay más luz que la de los cirios que, en formada hilera, custodian a la Virgen.

Bajo el antifaz negro, con el anonimato que, en cierta medida este da, veo las caras de la gente y la expresión que en sus rostros se señala cuando, María Santísima del Mayor Dolor y San Juan pasan junto a su lado.

Los zaguanes abiertos en su recorrido, personas mayores, enfermos, niños... todo el pueblo, esperan impacientes el paso de la cofradía.

La Virgen va regalándoles a todos y cada uno de los que la esperan, con su mirada de desconsuelo, luz y esperanza, en el mismo momento en el que va, compungida de dolor, tras el hijo que entregó la vida por nosotros.

¿Acaso hay mayor momento para proclamar lo que la Fe significa?

Rachean en los adoquines los espartos de las alpargatas que calzan los costaleros, mientras en la manigueta del paso, un niño embelesado observa como trabajan quienes, a Cristo, con el esfuerzo de la fe, llevan.

Y mientras el paso lentamente avanza, sobre el camino de cera aún sin cuajar que los nazarenos

señalan, poco a poco, sin prisas, que la tardenoche es larga, sueña el chaval con, algún día, ocupar un hueco bajo las trabajaderas.

Y llevar al Señor en la Cruz por cada calle de esta Villamanrique nuestra, ver cumplido su sueño de infancia, de todas las Cuaresmas que recuerda, cuando Cristo de la VeraCruz o la Virgen, de Santa María Magdalena, ponen pié en los porches para proclamar con el dolor y la muerte en Semana Santa, al pueblo de Villamanrique que en la calle los aguarda, el mensaje de Cristo en la tierra:

 

RESURRECCIÓN Y ESPERANZA.

 

No hay palmas que suenen más fuertes,

ya sea en la entrada,

ya sea en la salida,

que las que dan las madres de los costaleros.

Ellas, como la Verónica Golondrina que alivió a Cristo en su Calvario de la corona de espinas, darían lo que fuese por aliviar el costal de sus hijos

bajo las trabajaderas del paso.

Cientos de veces se acercan al respiradero del paso y le dicen:

Niño, ¿vas bien?

voy bien madre.

Apenas si se despegan,

un par de pasos escasamente,

de los andares del Cristo o de los de la Virgen.

Se emocionan en cada mecida,

en cada levantá a pulso,

!qué no se note!,

porque parte de su alma,

de su propia vida,

cada tarde de Viernes Santo,

regala al pueblo manriqueño,

el esfuerzo desinterasado del costalero.

Y estoicas aguantan hasta el final del recorrido.

Luego, cuando las puertas de la Iglesia se cierran,

cuando muda de gente la plaza queda,

esperan, a las puertas de la Sacristía,

el regalo de un clavel que el hijo les trae.

Y queda liquidado el esfuerzo,

si Dios quiere,

hasta el año que viene.

 

Por ello, aprovechando esta tribuna privilegiada que hoy Villamanrique me regala, ahora que en puertas de la Semana Santa estamos, aprovecho la ocasión y, por cuenta propia, sin pretender el aplauso fácil, pero que si así fuese, me dá lo mismo, desde aquí Villamanrique, este pregonero os pide, un gran aplauso para las madres de todos los valientes que estuvieron, están y estarán, por ser ellas las que parieron a los hombres de bien que, cada Viernes Santo nos regalan, a Cristo y a su Madre por las calles de Villamanrique.

 

Mécela costalero,

recrearos en cada esquina,

parar el tiempo de la tarde

mientras bailan sus bambalinas

Que no se note la levantá,

y los claveles parezcan quietos,

que si larga es la chicotá

El premiará vuestro esfuerzo.

Villamanrique os contempla,

sabedor de vuestro esfuerzo,

y a golpe de llamador

sube con vosotros al cielo.

Que ande Cristo por la calle,

repartiendo luz y esperanza,

valientes de Villamanrique

en esta Semana Santa.


Pero resucitará el Domingo. Cuando ya sea sábado por la noche y el pueblo parezca indiferente a lo que acontece; cuando la noche suba el escalón del tiempo que le falta para convertirse en madrugada, de nuevo, las campanas más alegres de la primavera, anunciarán, con algo tan nuestro como es ese repique que al manriqueño pone el vello de punta, pregonarán como digo al cielo del Aljarafe y de Doñana, la Resurrección y así la esperanza volverá a instalarse entre nosotros. Y la normalidad será tónica habitual al día siguiente.

Todo habrá sido un sueño que ha terminado y bien, como no podía ser de otra manera.

Así, pasará desapercibida la cera cuajada y fría en los adoquines y en el asfalto de las calles del pueblo, y de los cordeles de los corrales y azoteas de las casas colgarán, oreándose, secándose después de haber soltado la huella de cera de la Estación de Penitencia del Viernes, las túnicas de los nazarenos.

Y así Villamanrique habrá cumplido, un año más, la tradición escrita desde tiempos inmemoriables.

 

Todo el año te tengo a mi izquierda, Jesús,

cada bulla que me entra,

cada café que pongo,

cada vez que miro el reloj,

que mis horas descuenta.

Cada vez, Cristo de la VeraCruz,

que levanto la cabeza,

cada día,

me encuentro con Tu mirada entreabierta,

Tus ojos que casi no me miran

pero que sin duda, me ven...

Te miro mil veces al día

y ninguna es suficiente.

Tu estampa regalada cada Navidad

en forma de almanaque,

me acompaña desde siempre

y eres uno más entre los muchos que,

al cabo del año, atiendo.

Pero a diferencia de los otros,

Tú no me pides, ni me exiges,

ni me recriminas la tardanza, nada...,

Animas mi ánimo los días malos,

me das paciencia cuando

con tanta facilidad la pierdo,

aminoras mi prisa,

me das aliento

cuando tan a menudo

intento tirar la toalla.

Siempre a mi izquierda,

Jesús de la VeraCruz,

siempre a mi lado.

En invierno y en verano,

en otoño y en primavera,

Tu estampa en el almanaque

acompañándome a descontar un día,

y otro, y otro....

Gracias por escuchar mis palabras,

exigiéndote más de lo permitido,

a veces riñendo contigo

escuchando a veces lo que mi boca suelta

pero que, en el fondo,

mi corazón no siente.

 

Nunca podré pagaros esta atención y paciencia que habéis derrochado, todos los aquí presentes mientras este pregonero ha abierto las puertas de la memoria en cada verso y en cada estrofa de este trozo de mí que aquí habéis escuchado.

Jesús de la VeraCruz y María Santísima del Mayor Dolor sabrán recompensaros y os regalará su Gracia para el día a día.

Mis más sinceros agradecimientos a esas gargantas privilegiadas que tienen el privilegio y el don de poder piropear a Cristo y a María.

Gracias Damián y Macarena.

Gracias también a Juan Francisco “Estenaza” por estrenar, al igual que yo mis palabras hoy, las letras de estas saetas; y a Mari Carmen Cruz por darle el tono preciso.

También a quienes han dedicado un trozo de su tiempo a que yo pudiera hacer realidad estas líneas.

Gracias por todo a Juan “Piyero” por tús tardes ocupadas conmigo en Benacazón.

Quisiera agradecer a Miguel García Franco, este gran Veracrucero de Benacazón y a su familia por abrirme las puertas de su casa para orientarme a la hora de poner orden en mi destartalada memoria, así como mostrarme su forma de sentir la Fe y avivar así la mía.

Mucho aprendí en tampoco tiempo.

Agradecer también a mis amigos que han acudido a acompañarme en estos momentos. Siempre os estaré agradecido.

Como no, a mi familia aquí presente por arroparme en la incertidumbre de mis palabras en un momento tan importante para mí.

Por supuestos a mis hermanos Manolo, Antonia y Rosendo, porque cuando pudieron me ayudaron a cargar con la Cruz de la vida. Sabed que cuento siempre con vosotros.

También a mis sobrinos Juan Miguel y Carmen, porque los niños son la alegría del mundo y a mí me hacen doblemente feliz porque son sangre de mi sangre.

Mi mujer Angela por aguantarme desde ya tantos años y recorrer conmigo la Estación de Penitencia de la vida que no ha sido ni será fácil. Tú sabes lo mucho que te quiero.

Y como no, a la flor de mi alma, niña de mis ojos, Paula. Te quiero más que a mi propia vida.

Recuerda que el año próximo, en este mismo altar donde yo hoy he exclamado este Pregón de Semana Santa, tú recibirás, como yo hace tanto tiempo, en tu Primera Comunión, el testigo de lo que, en resumidas cuentas, resulta el ser Cristiano: tratar de ser buena persona ante todo en la vida.

A todos, mil gracias.

 

Hoy he sido el llamador que,

en la madera de la parihuela del paso,

exclamó al pueblo manriqueño,

que una tarde de abril soñó con ser ya Viernes Santo,

con pedir la venia de quienes son sed de Esperanza,

y que en la puerta esperan impacientes,

la salida de esta cofradía, antigua y señera de Villamanrique.

Hoy he sido el llamador que al viento le dice se detenga,

porque el de la VeraCruz,

en su Estación de Penitencia,

volverá a reencontrarse, un año más,

con quienes derrochan devoción,

como siempre, como de costumbre,

y quieren andar con Él las calles de abril manriqueñas.

Hoy he sido el llamador que dice ! a esta es !,

que llama al silencio,

a prestar atención a las cosas bien echas,

como sólo Villamanrique sabe hacerlas.

Hoy he sido el llamador que con sus golpes

vuelve atrás la memoria y cumple trece años,

a su primera vez vestido de nazareno,

a recordar el saludo,

a las puertas de la casa,

de mis padres.


Y si vosotros estáis preparados para encontraros con Jesús de la VeraCruz en una esquina, o el Mayor Dolor de su madre en cualquier calle del recorrido, estad atentos y no temáis a su mirada de muerte ni de desconsuelo: se convertirán en esperanza en vuestra Estación de Penitencia del día a día.

Así, atentos al capataz para cuando os llame, para que Villamanrique salga a ocupar su puesto, acompañando a Jesús y a su madre por las calles de este Villamanrique nuestro.

 

¿Estáis preparados?

Si es así, atentos.

Y desde ahora os digo:

!! a ésta es !!, !! de Villamanrique al cielo !!.

 

He dicho.

pregonloro2

 

UN MANTO DE TERCIOPELO

CUELGA DESDE TÚ CORONA

Y DE TU MANO UN PAÑUELO

DONDE TU LLANTO SE ASOMA

PARA BUSCAR EL CONSUELO

 

LA PENA SE ME DELATA

VIENDO QUE A TU CORAZÓN

LO CRUZA UN PUÑAL DE PLATA

VIRGEN DEL MAYOR DOLOR.

 

TE ESCOLTAN LAS BAMBALINAS

VIRGEN DEL MAYOR DOLOR

CONTIGO UN PUEBLO CAMINA

ESE VIERNES DE PASIÓN

CON SAN JUAN EVANGELISTA.

 

SUENAN SUSPIROS DEL ALMA

ENTRE LOS RESPIRADEROS,

QUE SON REZOS Y PLEGARIAS

DE TUS FIELES COSTALEROS.